21 nov. 2007

El Planeta de los simios. 1968 vs 2001 (1)

INTRODUCCIÓN



Personalmente, siempre me han resultado curiosos los remakes. Ya dedicamos algunas entradas hace un mes aproximadamente a ello en lo que se refiere a la música (llámese, generalizando, remakes, versiones, adaptaciones o como se quiera, ya que lo importante es el concepto).

De igual manera, resulta curiosa la tendencia de gran parte de la crítica artística a negar la calidad de las nuevas versiones. Si una canción es versionada con acierto, merece una alabanza (el tema de la originalidad es algo aparte, muy importante pero no el 100% de mérito en una manifestación artística), al igual que películas acertadamente revisadas. ¿Alguien censuraría el "Layla" unplugged de Clapton por ser una adaptación? ¿O el "Unchain my heart" de Joe Cocker, argumentando que solo admite el original de Ray Charles? Avanzando hacia la intertextualidad, ¿quién negaría los valores de "El Padrino" de Coppola escudado en que el original es material escrito por Mario Puzo?

Vaya por delante, de este modo, que lo ideal al contemplar una versión o remake es abstraerse del original en la medida de lo posible; así evitaremos una inclinación a lo positivo o lo negativo debido a los parámetros culturales adquiridos.

La comparación, inevitable a posteriori, nos lleva a "El Planeta de los simios", obra cinematográfica cuya primera versión aparece en 1968 (a partir de una novela del francés Pièrre Boulle, siendo una adaptación relativamente lejana de la misma) y con una nueva propuesta que viene de la mano del comercial Tim Burton en el nacimiento del siglo XXI.
Debe remarcarse, aunque será el objeto principal de esta serie de artículos, que estamos ante un caso de libre adaptación por parte del segundo filme, alejado de copias casi plano a plano como el homenaje que Gus van Sant hizo a Hitchcock en su "Psycho". Como podemos ver, hay de todo, tanto sobre la libertad de la adaptación como de la calidad del producto final tomado de manera aislada.
Dividiremos la entrada, por longitud, en tres partes: la primera la estamos empleando en una presentación de contenido y un análisis de la versión inicial, la dirigida en 1968 por Franklin J. Schaffner y protagonizada por Charlton Heston, a la sazón gran estrella hollywoodiense. Actualizaremos posteriormente con un comentario sobre la visión de la historia de Tim Burton más de treinta años después, para concluir con una pequeña comparación y reflexión final.

Aprovecho para pedir perdón asimismo a los lectores asiduos (¿los hay?) por la tardanza de este artículo sobre el anterior, pero algunos problemas técnicos me han impedido disponer de internet en el portátil, medio que utilizaré en adelante.



PLANET OF THE APES (1968)


Sinopsis: Para quienes no conozcan o recuerden la trama, se hace necesario reseñarla, tratando de no dar detalles clave del desenlace. La historia se sitúa en un futuro lejano, en una nave donde tres astronautas viajan por el espacio y aterrizan forzosamente en un planeta; aquí comprueban que se dan condiciones idóneas para la vida, y descubren que, en efecto, la hay. Se encuentran con unos humanos que no hablan y, para su sorpresa, unos simios que hablan y dominan a los humanos: la pirámide evolutiva se ha invertido.
George, el personaje de Charlton Heston, es herido y capturado, aunque sus compañeros corren peor suerte: uno de ellos, en una de las imágenes más impactantes de la película, ha sido lobotomizado por los simios inteligentes. El otro creo recordar que muere. Así pues, George se encuentra herido en la garganta, resignado en un principio a no hablar para no ser objeto de experimentos y cautivo de los simios, como muchos otros humanos (o pre-simios, si se permite la licencia en esta curiosa involución).
Cuando George se ve obligado a hablar en un momento de máxima tensión, nos encontramos con todos los elementos del nudo de la acción: la lucha de un hombre atrapado en un planeta dominado por simios por su libertad, por no ser objeto de experimentación científica y por convencerles de que viene de un planeta remoto. Para ello, contará con la ayuda de unos simios científicos que creen que dice la verdad y con la oposición de las autoridades, ejército, etc.

Aspectos técnicos: Es evidente que lo que más llama la atención en la película es el exhaustivo trabajo de maquillaje sobre los actores. Las arduas sesiones diarias de caracterización simiesca están perfectamente mostradas en los contenidos adicionales del DVD comercializado en España por Fox; es una compra muy recomendable por los documentales, destacando todo lo que dedica al trabajo de maquillaje, viendo los procesos, materiales empleados, pruebas a los actores, etc. Día tras día los actores tuvieron que aguantar pacientemente las transformaciones de los más de setenta maquilladores, lo que fue la causa de que el venerable Edward G. Robinson abandonase la producción y su rol de Dr. Zaius.

En 1968 no había aún Oscar al mejor maquillaje, por lo que la película fue galardonada con un merecidísimo galardón honorífico- Decir a este respecto que esta categoría no sería instaurada como permanente hasta 1981, por el revuelo que causó que el maquillaje de "El hombre elefante" (David Lynch) no tuviera Oscar honorífico el año anterior.

Otros aspectos destacados, aunque llamen menos la atención que el maquillaje, serían el sonido y el vestuario, ambos con nominaciones a los premios de la Academia. Los efectos de sonido son bastante logrados, y la sombría y vanguardista banda sonora de Jerry Goldsmith, fallecido hace pocos años. Goldsmith, conocido por obras como la que nos ocupa, "Patton", "Chinatown", "La Profecía" (su único Oscar), "Star Trek" o "Alien", ha sido uno de los músicos de cine más peculiares a la vez que influyentes, especializado en el género del terror y ciencia ficción por su particular uso de la percusión y los sonidos graves.

Crítica: Estructurada de manera muy coherente, en ningún momento hay cabos sueltos o subtramas que no aporten al resultado de la historia. Como historia con un alto grado de componente filosófico que es, ciertos actos y declaraciones se prestan a interpretaciones variadas, lo que enriquece la contemplación de esta película y fomenta el debate tras su visionado. Al ser una película de ciencia-ficción (y muy lejana, ciertamente), se puede cuestionar la credibilidad de la trama, pero eso no es de lo que se trata; simplemente, es verosímil dentro de la narración.

Algunas ideas están muy logradas, en un guión que tuvo muchas revisiones, como por ejemplo la de estructurar la sociedad de los simios en graduaciones según la especie: los gorilas haciendo las labores de seguridad, los chimpancés como científicos, etc. Es un proceso de "colmenización" que le da a esta sociedad impensable grandes visos de realismo.

Como ya se ha señalado, el final es antológico, uno de los mejores de la historia del cine (y nuevo, ya que no aparecía en la novela de Boulle). Cambia todo lo que habíamos visto, ya bastante denso de por sí, y da una dimensión mayor a la película; si hubiera un subgénero de cine filosófico, esta película sería un perfecto exponente, pero entretiene como la que más. Para el que no la haya visto y no sepa el final (para ello, el diseñador de carátula del DVD no estuvo nada acertado), le recomiendo fervientemente que no se lo piense. La taquilla respondió muy bien a la película, lo que produjo mucha venta de productos relacionados, hasta cuatro continuaciones fílmicas y una serie de televisión, con la calidad decadente progresivamente (y un remake en 2001 que comentaremos en unos días).




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